Un día comprando en el mercado

Para todos aquellos que se sientan identificados o tengan curiosidad… hoy os dejamos un simple relato de lo que puede ser la compra en uno de nuestros mercados de abastos de la ciudad. ¿Te suena? 🙂

Bien, en principio se entiende que ya hemos planificado qué es lo que vamos a comer en los próximos días; ¿hemos hecho los deberes?, hemos preparado la plantilla y sabemos que poner en ella para la próxima semana gracias al calendario de menús… platos que a su vez estaban ya en el listado de platos y perfectamente descritos en el recetario. Toca ir a la compra.

Hay gente que los tiene claro y que la compra gorda la realiza el sábado por la mañana y en el mercado. Normalmente en el mercado de barrio, con sus puestos de pescado, sus carnicerías, pollerías, verdulerías y demás.

Una de las ventajas de hacer la compra en el mercado es que no te vas a dispersar en tu tarea y evitaras el consumo inapropiado de otros productos.

Así pues, el sábado, mientras el desayuno familiar tiene lugar, es un buen momento para preguntarnos qué hemos de comprar para preparar aquello que hemos decidido comer.

A continuación por ejemplo, es el turno del teléfono y de llamar a todos los puestos en los que hemos previsto comprar… y hacer el pedido. No tenéis ni idea del tiempo que se ahorra!!

Llegas un par de horas después de la llamada y: Hola Jorge, ¿tienes mi pedido? Sí aquí está. ¿Cuánto es? 13,50€ por ser tú. Hala majo, ¿todo bien? Bueno, sí la situación de siempre, ya sabes. Qué me vas a contar. Pues eso. Adiós y gracias. Gracias a ti, hasta luego!.

Este es un ultra resumen de lo que suele suceder obviando todos los posibles matices que rompen esa agradable rutina que supone el roce con esa persona en la que confías y que te vende, te aconseja y se preocupa por poner a tu disposición aquello que tú y los tuyos habéis decidido comer.

Los inconvenientes de esta práctica son solo los que se desprenden de la necesidad, solo inicial, de “hacer mercado”, de darte a conocer, de preguntar a cada uno de los tenderos de cada puesto que frecuentas qué está bueno, qué no lo está, de darles un feedback la próxima vez que los ves:

joder Juan, cómo estaban aquellos guisantes del otro día; oye Raúl, el rodaballo que me llevé, impresionante” Y si hay algo negativo, pues también, vas y se lo dices: “Mecagüen tu pelo Ramón, los pimientos de Padrón esos que me llevé y que me aseguraste que no picaban… te los puedes meter…” Pero siempre de buen rollo. 

Además, sí los piropos los dices en voz alta cuando el puesto tiene una buena cantidad de parroquianos y, por el contrario, las quejas se las dices por lo bajini… ya tienes ganado un fiel tendero para toda la vida. A partir de ahí, puedes sin miedo preguntarle: Oye Ramón, qué tal están a estas alturas las mandarinas ¿estás buenas, puedo llevarme un par de kilos sin miedo?… Te responderá como si fuera para sus hijos, con total garantía.

 

Algunas ventajas que se pueden encontrar al comprar en el mercado de barrio:

  • Se compra sin distracciones, tan frecuentes en las grandes superficies, vas a tiro hecho. Eso no quita que si una vez en el mercado ves algo en lo que no habías caído, pues te lances a comprarlo… pero con la garantía de que lo que compras es comida.
  • Las probabilidades de comprar alimentos de temporada y de cercanía aumentan. Sé que esta no es una garantía total (tomates en febrero… ¡por dios!) pero ayuda bastante a comprar productos en su mejor momento y a mejor precio, en especial frutas, verduras, hortalizas y pescados.
  • Los alimentos que tú comes te los ponen a tu disposición personas. Aquellas con las que se puede comentar, criticar, alabar el estado, sus propiedades, formas de cocinado, etcétera. Conversaciones en las que a menudo participan otras personas… ¡genial!
  • En esas conversaciones, acompañado de tus hijos, estos aprenden. Y aprenden más allá de las cualidades de los alimentos y su temporalidad, aprenden relaciones humanas. Y que más humano que el planificar la comida (al menos en nuestro tiempo).
  • Puedes encargar la compra, te saltas las colas del resto de usuarios si así lo prevés. Algunos mercados o puestos te permiten la compra on line y/o te la llevan a casa. De esta manera ganas tiempo.
  • Y no lo podemos negar, al menos es una opinión, los víveres adquiridos en este entorno son de una significativamente mejor calidad que la de los supermercados.
  • Dejar para el súper aquello que solo puedes comprar en el súper…

Obviamente, no queremos “echar tierra” sobre otras formas de comercio (supermercados, hipermercados, etcétera) que merecen todo nuestro respeto. Esta es tan solo una reflexión que, al menos en la de todos aquellos que se sientan identificados, quizá pueda serles útil. 

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